Boletín de Información Fiscal

Boletín nº2
Enero 98
Página 2

Secciones
Tribuna de opinión






 

 

La Unión Monetaria Europea, el Euro y las regiones.

Márgenes para Canarias

 

Carlos Javier Rodríguez Fuentes

Departamento de Economía Aplicada

Universidad de La Laguna

 

 

INDICE

  1. Introducción 1
  2. La Unión Monetaria Europea (UME): significado y exigencias 2
  3. Implicaciones y efectos económicos de la UME 7
  4. La dimensión regional de la UME: algunas consideraciones desde la
    perspectiva de la economía canaria 9
  5. Conclusiones 25
  6. Referencias Bibliográficas 27

 

1. Introducción

El propósito de este trabajo es el de evaluar los potenciales efectos regionales que, previsiblemente, se desprenderán de la culminación del proceso de integración monetaria europea y, particularmente, las repercusiones que el mismo pueda tener sobre la propia marcha de la economía canaria.

Se trata, como resulta fácil advertir, de una cuestión tan relevante como controvertida. Es una cuestión relevante por cuanto a nadie se le escapa que el proceso de integración monetaria europea, que culminará con la introducción del Euro en sustitución de las distintas monedas de los respectivos Estados Miembros de la Unión, supondrá un importante acontecimiento económico que, sin duda, determinará un "antes" y un "después" en la historia económica reciente europea.

Pero al mismo tiempo, la extraordinaria relevancia y magnitud del tema en cuestión se encuentra rodeada por una gran controversia, por cuanto entre la mayoría de los analistas económicos no parece existir un consenso (al menos de un modo generalizado) sobre las consecuencias y resultados finales del mismo. En este sentido creemos que resulta conveniente advertir que, aunque en la actualidad resultan mayoría los que se decantan a favor del éxito del mencionado proceso, también existen opiniones críticas sobre el mismo; y no tanto porque se esté en desacuerdo con el objetivo final del mismo, sino porque se considera que los "costes de ajuste" que el proyecto requiere (y requerirá en el futuro) se han infravalorado.

Estas dos observaciones que hemos hecho en los párrafos anteriores (relevancia y controversia) justifican que nuestro análisis sobre los efectos de la introducción de la moneda única (el Euro) sobre la economía canaria se desenvuelvan en un plano cualitativo o meramente descriptivo, si se prefiere, ya que es en este plano en dónde mejor se pueden introducir las necesarias dosis de prudencia que exige cualquier intento de anticipación de la trayectoria futura de la economía.

La hipótesis que se analizará en este trabajo es si la implantación definitiva del EURO, con todo lo que ello implica (renuncia explícita a las respectivas políticas monetarias y cambiarias nacionales, creciente disciplina presupuestaria, etc.) generará efectos regionales diferenciados y, en el caso de que así sea, de qué manera se traducirán éstos sobre la economía canaria.

Además de por esta breve introducción, el desarrollo de nuestra argumentación se estructurará en otros cuatro apartados. En el primero de estos epígrafes (epígrafe 2) se precisará el concepto y los elementos que componen lo que se entiende por una unión monetaria para, seguidamente (epígrafe 3), analizar sus principales efectos e implicaciones económicas.

A continuación, en el cuarto epígrafe se analizarán los potenciales efectos regionales que se derivarán de la UME que, como se tendrá oportunidad de comprobar, vendrán determinados por la desigual distribución espacial de sus esperados beneficios y costes, aunque sobre este aspecto hemos de reconocer que "no existe ninguna sólida base a partir de la cual se pueda predecir el patrón regional de distribución de beneficios y costes derivados de la Unión Monetaria Europea" (Emerson, 1992, pág. 12).

Además de identificar los potenciales efectos regionales que se podrían derivar de la creación de un área monetaria entre un conjunto de economías europeas, en este apartado también nos centraremos en el análisis de los efectos que la Unión Monetaria Europea podría tener sobre la economía canaria. En este sentido, de lo que se trata es de determinar la forma a través de la cual el perfil estructural de la economía canaria podría alterar el efecto neto resultante (beneficios - costes) de la Unión Monetaria Europea.

Para terminar, nuestro trabajo finaliza con un apartado en el que se recogen las principales conclusiones e ideas expuestas a lo largo del mismo.

2. La Unión Monetaria Europea (UME): significado y exigencias

  • El significado de la UME

Para la Comisión Europea, así como para otros muchos economistas, la Unión Monetaria Europea (UME) puede ser considerada como una prolongación natural de la plena realización Mercado Unico Europeo (MUE). De hecho, suele sostenerse que la existencia de un mercado único no sólo implica la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos (trabajo y capital), así como la eliminación de todas aquellas normas que obstaculizan la libre concurrencia o competencia (fiscalidad, normativa en materia fitosanitaria, de seguridad y salud, etc.), sino también la existencia de un único medio de pago o unidad de cuenta. Sólo así, se continua, se puede asegurar una transparencia plena en los procesos de formación de precios y, de este modo, un funcionamiento eficiente y ordenado de los mercados.

Por este motivo se suele insistir en que la Unión Monetaria Europea no es más que un nuevo paso en el largo proceso de construcción europea; un paso que vendría a consolidar definitivamente las ventajas ya obtenidas con la plena realización del Mercado Unico Europeo. Efectivamente, esta es la idea fuerza del trabajo "Un Mercado, Una Moneda", en el que se analizaron los beneficios y costes derivados de la Unión Económica y Monetaria europea (Comisión, 1990).

Las ventajas derivadas de la plena realización del Mercado Interior o Mercado Unico Europeo han sido evaluadas en numerosos trabajos, concluyéndose que el incremento en los niveles de competencia y eficiencia económica, y la reasignación espacial de factores productivos a que éste daría lugar ocasionaría un incremento global en los niveles de renta y producción del conjunto de la comunidad, así como una igualación de las condiciones de producción entre los distintos estados miembros.

No obstante, hay que señalar que en otros trabajos se han identificado potenciales efectos negativos derivados de la plena realización del mercado interior, como por ejemplo Smith y Venables (1988), quiénes indican que la creciente competencia a que daría lugar el MUE provocaría la desaparición de alrededor el 30 % de las empresas industriales europeas, ya fuera por procesos de fusión o por su desplazamiento del mercado por otras más eficientes. Si a esto le añadiésemos el hecho de que la distribución espacial de las empresas según su dimensión dentro de la UE es muy desigual (Neven, 1990), no resultaría demasiado arriesgado sostener que, probablemente, la mayor parte de las empresas a desaparecer por el aumento de la competencia en el mercado estarían situadas en las regiones menos prósperas desde el punto de vista económico.

La idea de que el MUE podría dar lugar a un aumento de la concentración de la actividad económica en las regiones centrales e industrializadas ha sido también avanzada por Krugman (1989 y 1991), Giersch (1949), Begg (1989), Rotemberg y Saloner (1990) y Keeble, Owens y Thompsom (1981); ya sea por su mayor capacidad para atraer al capital y trabajo de la regiones menos desarrolladas, o por sus ventajas de localización (mayor proximidad a los mercados, etc.).

Sin embargo, y a pesar de que la teoría económica nos indica varias vías que podrían dar pie a un efecto regional desigual en el reparto de las ventajas y costes inherentes en el proceso de creación de un mercado único, la Comisión siempre ha defendido la posición de que, en el largo plazo, los beneficios netos terminarán "filtrándose" a todos los participantes en el proceso a modo de efectos de arrastre.

Es en este contexto en el que la Comisión considera que la moneda única vendrá a consolidar las ventajas del mercado interior; y ello se producirá, fundamentalmente, a través de los siguientes mecanismos:

  1. La disminución de los costes de transacción.
  2. La desaparición del riesgo cambiario al no existir incertidumbre sobre el tipo de cambio futuro de una moneda. A su vez, la eliminación del riesgo de cambio puede incidir positivamente sobre los costes de endeudamiento (reduciendo los tipos de interés), ya que al disponer ahora los mercados financieros de mayor información, no se tendrían por qué dar procesos de "selección adversa" en los mismos.
  3. Una mayor transparencia en los procesos de fijación de precios, lo que acarreará una mayor eficiencia global del sistema económico.

  • Elementos de la UME

La creación de una unión monetaria entre distintos países o economías implica los siguientes aspectos:

  1. Disponer de una única moneda o, en su defecto, de múltiples monedas pero con tipos de cambio fijos entre sí de forma irrevocable.
  2. Un mercado financiero perfectamente integrado, es decir, con una normativa financiera mínimamente armonizada y la existencia de una perfecta (o elevadísima) movilidad de capitales.
  3. Una política monetaria común y, por lo tanto, un banco central común que ejecute la mencionada política.
  4. Una política cambiaria única frente al resto del mundo, que debe ser diseñada por una institución común al área monetaria (por ejemplo, el mismo banco central que ejecuta y diseña la política monetaria).

Ahora bien, la teoría sobre áreas monetaria que, dicho sea de paso, se desarrolló fundamentalmente durante los años 60, señala claramente que para éstas sean óptimas, es decir, para que funcionen generando los menores costes de ajuste entre las economías que la integran, los países que las componen deben cumplir al menos estas tres condiciones:

  1. En primer lugar, que exista una elevada movilidad de los factores productivos (trabajo y capital) entre las economías que la componen.
  2. En segundo lugar, que exista una elevada apertura comercial interior.
  3. Por último, que exista un elevado grado de similitud productiva entre las economías que conforman la unión monetaria.

Como puede apreciarse, la teoría sobre las áreas monetarias óptimas no efectúa ninguna indicación sobre la necesidad de cumplir los denominados "criterios de convergencia nominal", sino que más bien indica que el funcionamiento óptimo de la UM se asegura con el cumplimiento de una serie de características económicas estructurales, lo cual resulta muy revelador habida cuenta del debate en torno a si la convergencia nominal debe ser un requisito previo para el acceso a la moneda única o si, por el contrario, las condiciones de convergencia deberían haber sido definidas también en términos "más reales". En este sentido, algunos autores han llegado incluso a insinuar que los criterios de convergencia nominal serían mucho más fáciles de cumplir después de haber empezado a funcionar la unión monetaria, y no antes.

Además, la racionalidad de los requisitos impuestos por la teoría de las áreas monetarias debe entenderse desde la perspectiva de la renuncia que ésta implica en materia de instrumentos de política económica: política monetaria y cambiaria, fundamentalmente. Así, entre los instrumentos de política económica que se ceden voluntariamente al entrar a formar parte de una UM cabe mencionar, por ejemplo, las variaciones en los niveles de los tipos de interés nominales o las modificaciones del tipo de cambio. De este modo, la elevada movilidad de los factores productivos aseguraría que, ante cualquier perturbación económica que originase una recesión en una economía determinada, la emigración del factor trabajo (por el desempleo) hacia las zonas más prósperas originaría un descenso en los niveles salariales que alentaría entradas de capital, restableciéndose de nuevo el equilibrio inicial una vez transcurrido un (¿corto?) período de tiempo.

Por otra parte, la elevada apertura comercial aseguraría que la pérdida del instrumento del tipo de cambio que ocasiona la unión monetaria no reduciría de facto los instrumentos de política económica de corrección del desequilibrio exterior ya que, como se sabe, cuanto mayor sea la apertura comercial de una economía, menos efectivas resultan las "devaluaciones competitivas" por su casi inevitable impacto inflacionista a medio plazo.

Por último, la similitud en términos de especialización productiva (que puede medirse por la importancia del comercio intraindustrial en el área monetaria en cuestión, o por la similitud en sus respectivas estructuras productivas) reduciría la posibilidad de que existiesen perturbaciones asimétricas, es decir, perturbaciones económicas que afectasen a una sola economía en el conjunto de la unión, por lo que en este caso es previsible esperar que la política del conjunto responda ante el problema económico que afecta al conjunto de países.

Hasta ahora nos hemos limitado a analizar el significado de una unión monetaria, así como las características exigibles a las economías que quieren integrarse monetariamente. En el siguiente apartado nos vamos a adentrar en el análisis de los efectos económicos que una Unión Monetaria puede generar.

3. Implicaciones y efectos económicos

Cuando se analizan las implicaciones derivadas de la creación de una UM, éstas suelen dividirse en dos grupos, dependiendo de si constituyen un coste o un beneficio para las economías integrantes.

En general, suele indicarse que los costes inherentes a la participación de una economía en una unión monetaria se resumen en la pérdida de determinados instrumentos de política económica que podrían ser útiles en determinadas circunstancias para solventar algunos obstáculos económicos. En particular, los dos instrumentos de política económica que suelen "cederse" a favor de una autoridad común son:

  1. La política monetaria.
  2. La política cambiaria.

Ahora bien, además de estos dos, la participación en la unión monetaria exige una cierta disciplina presupuestaria, o al menos se exigirá en el caso de la UME, por lo que a los dos costes antes mencionados también debería añadirse la exigencia de mantener un equilibrio en las cuentas públicas. No obstante, hemos de advertir que para muchos economistas esto último no constituye un coste, sino que más bien debería constituir una máxima en cualquier planificación presupuestaria, independientemente de pertenecer a una unión monetaria o no. Por este motivo, para algunos analistas este aspecto, que nosotros hemos incluido entre los costes, debería ser considerado entre las ventajas o beneficios.

Por su parte, la mayor parte de los beneficios que se derivan de la unión monetaria se reducen a la mayor eficiencia económica a que conduce la existencia de una moneda única en el mercado, y que podrían resumirse en los siguientes puntos:

  1. Reducción de costes de transacción, al no tener que incurrir en cambios de monedas.
  2. Una mayor transparencia en los procesos de fijación de precios, al disponer de mayor, mejor y más barata información al alcance de los agentes económicos (consumidores y productores, fundamentalmente).
  3. Un funcionamiento más eficiente del sistema financiero como consecuencia del incremento de la competencia, lo que podría repercutir positivamente en una mejor asignación espacial del crédito y eliminación de los diferenciales interregionales en materia de tipos de interés.
  4. Eliminación del riesgo cambiario, lo que reduce el coste de endeudamiento en los mercados financieros exteriores y acelera los intercambios comerciales y financieros.
  5. Mayor estabilidad de precios, ya que algunos de los miembros de la unión suelen gozar de una elevada reputación y credibilidad en los mercados financieros, por lo que los países del área monetaria "importarían" parte de la credibilidad de la que disponían anteriormente estos países fuertes en los mercados financieros internacionales. Este último aspecto, el referido a las ganancias de credibilidad, podría provocar descensos en los tipos de interés aplicados en las operaciones de endeudamiento de las economías que forman parte de la unión monetaria (las que antes de integrarse gozaban de menor credibilidad antiinflacionista en los mercados internacionales).
  6. Por último, la disciplina presupuestaria que suele exigirse a los miembros de la unión, y que se manifiesta a través de: (i) la imposibilidad de monetizar sus déficits públicos, y (ii) la obligatoriedad de cumplir ciertos criterios en materia de volumen de endeudamiento y déficit público en relación a su PIB, también podría jugar a favor de la supuesta estabilidad macroeconómica a que conduce toda unión monetaria, lo cual puede reforzar la propia estabilidad de precios y las reducciones en los tipos de interés reales.

En líneas generales, la mayor parte de los autores coinciden en que las beneficios globales de una unión monetaria superan a sus costes, sobre todo en el largo plazo, ya que los costes de ésta se concentran especialmente durante la fase de transición, mientras que los beneficios sólo se alcanzan una vez consolidado el proceso y alcanzada la tan deseada estabilidad macroeconómica. Todo esto explica por qué suele recomendarse una transición rápida hacia la moneda única.

No obstante, la Comisión Europea también ha reconocido que la distribución de beneficios y costes podría diferir en el espacio, y no sólo en el tiempo; y este es el aspecto en el que vamos profundizar en el siguiente apartado: la distribución espacial de los potenciales beneficios y costes de la implantación de la moneda única.

4. La dimensión regional de la UME: algunas consideraciones desde la perspectiva de la economía canaria

A la hora de analizar la distribución espacial de los potenciales beneficios y costes de la implantación de la moneda única creemos conveniente distinguir dos aspectos al respecto. En primer lugar, conviene analizar lo que denominaremos como "posición oficial" que, como no puede ser de otro modo, adquiere su mayor exponente en los textos y documentos editados por la propia Comisión europea. En segundo lugar, nos interesa contrastar esta posición oficial con otras que, siendo algo más "críticas", no por ello deberían identificarse con una posición poco "europeísta".

Una vez analizadas estas dos visiones nos centraremos en el caso de Canarias, con el propósito de identificar las potenciales repercusiones que la puesta en marcha de la denominada tercera fase de la Unión Monetaria Europea podría tener sobre la economía canaria.

  • La visión de la Comisión: el optimismo necesario

La Comisión siempre se ha mostrado muy optimista sobre los efectos de la UME, y ello a pesar de reconocer explícitamente que resulta muy difícil, si no imposible, determinar exactamente la distribución regional de beneficios y costes de la misma.

¿Por qué sostenemos que, en nuestra opinión, la Comisión ha mantenido una posición excesivamente optimista al valorar las implicaciones regionales de la UME? Porque si bien la Comisión ha reconocido explícitamente que en el corto plazo "no existe ninguna base que permita predecir cómo se distribuirán los beneficios y costes de la UM" (Emerson, 1992, p. 12), sin embargo, en el medio y largo plazo afirma, de un modo rotundo, que los efectos de tal proceso serán netamente positivos. Esta rotundidad tiene su base en los siguientes argumentos:

  1. El primero de ellos es que el impacto regional desigual de la UME se puede reducir si se asegura una perfecta movilidad de los factores productivos, trabajo y capital; de modo que el factor "trabajo" pueda ir al centro y el factor "capital" a la periferia, asegurando así la convergencia regional en términos de rentabilidades del factor capital, tal y como auguran los modelos de crecimiento sustentados en los supuestos neoclásicos de convergencia. No obstante, este razonamiento obvia el hecho (evidente) de que esta igualación regional de rentabilidades sólo es factible cuando existe competencia perfecta en los mercados y, además, no es posible alcanzar economías de escala y de aglomeración en las regiones centrales, ya que en este caso el proceso de integración daría lugar a un aumento de la concentración económica y a una creciente especialización productiva en términos regionales (lo cual aumentaría las posibilidades de experimentar impactos económicos asimétricos en el seno de la unión).
  2. Un segundo factor que contribuiría a la reducción del impacto regional de la unión monetaria es la existencia de una perfecta integración de los mercados financieros nacionales, de modo que la competencia creciente entre las entidades financieras daría lugar a una reducción de los tipos de interés y a un aumento del crédito disponible en los mercados financieros periféricos (eliminándose así el posible racionamiento a que se encuentran sujetos en la actualidad). No obstante, la Comisión sí ha reconocido que en el muy corto plazo algunas empresas podrían sufrir algún proceso de racionamiento en los mercados de crédito, especialmente las empresas más pequeñas de las regiones más deprimidas; aunque es previsible que tales racionamientos sean eliminados a medio plazo una vez se subsanen las asimetrías de información presentes en los mercados de crédito, y que los bancos locales se adaptasen a las nuevas condiciones competitivas.
  3. Además de estas dos observaciones, la Comisión cree que la renuncia al tipo de cambio no constituye un verdadero coste añadido para algunas regiones ya que, atendiendo a los resultados de una encuesta, los empresarios de las regiones menos desarrolladas no consideran que el tipo de cambio haya restado, o fuese a hacerlo en el futuro, competitividad a sus producciones; aunque sí denunciaban la existencia de mayores costes de crédito y menor disponibilidad de capital riesgo. Este hecho vendría a confirmar la creencia, un tanto desmentida por los efectos favorables que las recientes devaluaciones de la peseta han tenido sobre el sector exterior español, de que las "devaluaciones competitivas" no son realmente efectivas, por lo que la renuncia al tipo de cambio no implica coste alguno para la gestión de la política económica nacional.
  4. Por último, la Comisión también insiste en que la importancia creciente del comercio intraindustrial en la UE hace que los denominados shocks asimétricos sean cada vez menos factibles, en la medida en que el comercio intraindustrial sería un reflejo de la existencia de una mayor semejanza productiva entre las distintas economías europeas, y de la mayor importancia de la diferenciación del producto como factor de competitividad estructural (y no tanto de los costes y precios, que es lo que se puede modificar con el tipo de cambio: competitividad precio o costes).

En definitiva, en opinión de la Comisión los potenciales efectos regionales de la Unión Monetaria tan sólo tendrán lugar en el corto plazo, ya que en el largo plazo el aumento de la competencia en los mercados de crédito y la movilidad del factor trabajo beneficiarían a las regiones menos desarrolladas; o al menos no las perjudicarían.

Contrastemos esta visión oficial con lo que nos dice la teoría sobre áreas monetarias óptimas.

  • Los efectos regionales de la UME desde la optica de la Teoría de las Areas Monetarias Optimas.

Como ya señalamos anteriormente, la teoría de las áreas monetarias óptimas, cuya formulación puede encontrarse en el trabajo pionero de Mundell (1961) y más recientemente en el De Grauwe (1992), señala claramente que para que un área monetaria sea óptima los países o economías que la integran deben disponer de:

  1. Una elevada movilidad de los factores productivos (trabajo y capital) entre las economías que la componen,
  2. una elevada apertura comercial interior; y
  3. un elevado grado de similitud productiva entre las economías que conforman la unión monetaria.

De no ser así, la cesión o renuncia al instrumento del tipo de cambio podría tener un efecto depresivo sobre los niveles de empleo y producción de aquellas economías de la unión propensas a padecer shocks asimétricos, es decir, ciclos coyunturales que no fuesen también compartidos por la mayoría de economías partícipes en el área monetaria común. Este hecho provocaría que la respuesta de la política económica implementada a nivel de la Unión no fuese la adecuada para la región (que podría exigir, por ejemplo, reducciones en los tipos de interés para salir de una crisis de tipo coyuntural), aunque sí puede que fuese óptima para el conjunto de países que la integran (en la medida en que éstos no estuviesen padeciendo un ciclo recesivo).

Este aspecto queda recogido en la Figura número 1, en la que se muestra el efecto y las consecuencias que se derivan de un descenso en las exportaciones de una región/país. Así, el descenso inicial en la exportaciones, que es causado por una perturbación exógena y que sólo afecta a esta economía en cuestión (por ejemplo, en el caso de Canarias podría ser un desplazamiento de la demanda comunitaria de plátanos hacia los plátanos del "área dólar", o una desviación en los flujos turísticos hacia otros alternativos al canario). El efecto directo e inmediato de este descenso en el nivel exportador sería un menor nivel de producción y empleo en nuestra economía, cuya magnitud dependería del peso real (directo e indirecto) que tuviese el sector afectado por este shock asimétrico en la estructura productiva regional. Ahora bien, y en ausencia de cualquier otra respuesta de política económica y asumiendo la existencia de un régimen de tipos de cambios flexibles (o ajustables), este efecto depresivo a corto plazo podría iniciar una cadena de causación a medio plazo tendente a compensar (vía depreciación del tipo de cambio) el efecto inicial (descenso en el nivel de empleo y producción).

 

En efecto, este efecto se articularía a través de la depreciación cambiaria que originarían las menores exportaciones canarias, aunque hay que advertir que este efecto se encuentra condicionado al cumplimiento de varias hipótesis que, cuando menos, deberían ser calificadas como extremas. Una de ellas es que, para que las menores exportaciones canarias originen una depreciación de la peseta en los mercados de cambios, sería necesario que éstas (las exportaciones canarias) constituyesen un capítulo importante en el conjunto de las exportaciones españolas. Otra condición adicional es que el déficit comercial condujese a una depreciación de la peseta en los mercados de divisas como consecuencia de la menor demanda de pesetas por motivo de transacción en estos (menores pagos en pesetas en los mercados internacionales). Como se sabe, el motivo transacción no es, ni mucho menos, el principal determinante del tipo de cambio, sino que los movimiento de capital (especulativo) a corto plazo y las intervenciones del banco central "pesan" mucho más en la determinación del mismo. Por lo tanto, éste efecto de ajuste a través de la depreciación no es factible que se diera para una economía pequeña en el contexto nacional, como puede ser la canaria.

Además, y suponiendo que se produjese la depreciación cambiaria esperada, su efecto corrector sobre el déficit comercial (volumen de exportaciones) dependerá, en última instancia, de las respectivas elasticidades-precio de las respectivas demandas de importaciones e importaciones. En el caso concreto de las exportaciones canarias, que se encuentran concentradas en productos primarios, es factible asumir que éstas sean sensibles a las variaciones en sus respectivos precios, por lo que la devaluación resultaría beneficiosa para el sector primario exportadores (agricultura de exportación).

Ahora bien, en la composición de las importaciones canarias contamos con un conjunto amplio de bienes de primera necesidad, tanto de tipo agrario como manufacturados, bienes intermedios, etc., que incluso después de su encarecimiento relativo (tras la devaluación) se necesitarían seguir importando habida cuenta de la limitada capacidad de autoabastecimiento de nuestra economía. Es decir, al contrario que las exportaciones, es factible asumir que las importaciones canarias disponen de una reducida elasticidad-precio en sus demandas, lo cual aseguraría un efecto inflacionista tras la devaluación.

Es cierto, no obstante, que en Canarias operan algunos mecanismos comunitarios, como el Régimen Específico de Abastecimiento o Revista de Economía Aplicada, cuya operativa se encuentra diseñada para mitigar algunos de estos efectos asegurando un abastecimiento subvencionado de productos de primera necesidad, lo cual relativiza el impacto de esta inflación importada.

Por otro lado, y ya en el campo de los servicios, conviene mencionar que la depreciación cambiaria también tendría, cétesis paribus, un efecto favorable sobre el sector turístico, por el abaratamiento del destino Canarias. No obstante, hemos de resaltar dos aspectos que matizan este razonamiento. El primero es que para valorar adecuadamente el efecto global de la depreciación (o devaluación) sobre el sector turístico canario, resulta imprescindible establecer una "conjetura" sobre el efecto que tal medida (la depreciación o devaluación) podría tener sobre los niveles de renta en los países emisores de turistas (ya que ello condiciona el nivel global de la demanda de servicios turísticos). Otra apreciación que se hace necesaria es analizar la respuesta competitiva de los destinos alternativos a Canarias; es decir, si la peseta se deprecia con respecto a las moneda europea, ¿qué ocurre con las monedas de los restantes destinos del turismo de "sol y playa" (Norte de Africa, Caribe, Mediterráneo, etc.? ¿Han respondido éstos con una devaluación competitiva también?

Con el razonamiento implícito en Figura número 1 hemos intentado ilustrar que la teoría nos señala la existencia de una vía de ajuste (a través del tipo de cambio) que permite restablecer el nivel de producción y empleo previos a la aparición de una perturbación asimétrica. Queda medianamente claro, pues, que en el seno de una unión monetaria europea la aparición de una perturbación económica asimétrica se traduciría en unos menores niveles de producción y empleo en la economía que sufriese tal perturbación, ya que ahora no es factible la modificación del tipo de cambio. Ahora bien, este ajuste se puede evitar si se cumplen las siguientes condiciones dentro de la unión:

  1. Existencia de salarios sean perfectamente flexibles (a la baja).
  2. Elevada movilidad geográfica del factor trabajo.

De cumplirse o anterior, la menor demanda derivada de factor trabajo podría verse incentivada por los menores salarios reales, lo cual mejoraría la competitividad-precio de la economía en cuestión, permitiéndole recuperar sus cuotas exportadoras en los mercados exteriores. De no ser así, el factor trabajo siempre podría emigrar en búsqueda de oportunidades en otras zonas (economías) de la unión monetaria.

Pero lo cierto es que estas condiciones, la flexibilidad de salarios y la movilidad del factor trabajo, no se cumplen en la realidad. Por lo tanto, bajo estas circunstancias, resulta que el ajuste tiene lugar sobre el nivel de ocupación.

Lo que cabe analizar es el resultado que estos ajustes tendrían sobre la economía canaria una vez que España participase, como parece probable, en la moneda única. Para ello, nos vamos a concentrar el análisis los aspectos que podrían originar un efecto regional diferenciado en el reparto de los beneficios y costes de la UME:

  1. Perturbaciones asimétricas y especialización productiva.
  2. Movilidad del factor capital.
  3. Movilidad geográfica del factor trabajo.
  4. Flexibilidad salarial.
  5. Eficacia del tipo de cambio.
  6. Disponibilidad y coste de los recursos financieros.
  7. Presupuesto y transferencias comunitarias.

  • Perturbaciones asimétricas y especialización productiva

El razonamiento oficial en este respecto es que la mayor similitud productiva europea, que resulta ratificada por el volumen creciente de comercio intraindustrial, reduce significativamente las posibilidades de que en el seno de la UE se produzcan shocks asimétricos. No obstante, esta hipótesis es contraria a lo que la propia teoría sobre la integración económica sostiene: que la integración (comercial y financiera) no sólo conduce a una mayor competencia en todos los ámbitos, sino también a una mayor especialización productiva y un aumento de la concentración económica en términos geográficos. Evidentemente, esta mayor concentración y especialización es previsible que tenga lugar en aquéllas economías o áreas que pueden ofrecer mayores ventajas en términos de acceso a mercados, disponibilidad de trabajo cualificado, información, etc., ya que en estas localizaciones se podrán obtener no sólo mayores economías de escala, sino también mayores economías externas y de aglomeración. Evidentemente, las regiones centrales europeas están mucho mejor posicionadas en este respecto que las regiones periféricas. Por lo tanto, es previsible un mayor aumento en la especialización (y concentración de la actividad económica) en determinadas regiones, lo cual dará pie a que existan shocks asimétricos en el seno de la UE.

Además, e incluso en el caso hipotético de que existiese una estructura productiva idéntica entre los distintos Estado Miembros de la UE, cualquier shock económico siempre podrá generar efectos regionales diferenciados en la medida en que es evidente que los empresarios, inversores, consumidores y responsables políticos de cada región podrán responder de forma distinta ante un mismo cambio en el entorno económico. Es decir, las asimetrías en los ajustes pueden venir tanto por la existencia de diferencias estructurales, como por diferencias de comportamiento entre los distintos agentes. Y esto último es inevitable e imposible de prever.

En el caso concreto de Canarias, lo que resulta relevante en este sentido es analizar su estructura productiva y a partir de ahí intentar inferir los potenciales efectos que podrá generar la introducción del euro y la renuncia al tipo de cambio. En el plano sectorial, Canarias se caracteriza por: a) una levada terciarización productiva, fuertemente orientada hacia la actividad comercial y de la hostelería y la restauración; b) un reducido peso del sector industrial; y c) la existencia de un sector primario con una tradicional orientación exportadora.

En el caso del sector agrario, y al margen del signo que adopte en el futuro la reforma en curso de la PAC, es probable que la moneda tenga un efecto favorable sobre la mayor parte de las exportaciones agrarias canarias en la medida en que éstas ya gozan de una cierta competitividad dentro de los mercados comunitarios (previsiblemente, esta posición mejorará con la eliminación de los costes de transacción que originará el EURO). Sin embargo, una vez que sea introducido el EURO, los competidores no comunitarios seguirán padeciendo los tan consabidos riesgos de cambio y costes de transacción en sus envíos a los mercados comunitarios. Ahora bien, no debemos pecar de ingenuos y pensar que estas ventajas (inexistencia de riesgo de cambio y costes de transacción) son factores de competitividad a largo plazo, ya que éstas pueden ser más que compensadas por menores costes de producción, la diferenciación del producto, o por una adecuada gestión del riesgo de cambio (para lo cual los mercados financieros actuales ofrecen instrumentos adecuados: seguros de cambio, mercados de futuros, opciones sobre divisas, etc.). Además, tampoco deberíamos infravalorar el efecto positivo que hayan podrido tener las devaluaciones sufridas por la peseta a partir del año 1992 en el crecimiento de los envíos a los mercados comunitarios, y que una vez alcanzada la tercera fase de la UME no será posible repetir.

En el capítulo de la agricultura destinada al mercado interior su dinámica futura se encuentra mucho más vinculada a la incidencia de los distintos programas comunitarios de apoyo al sector (por ejemplo, algunas medidas de apoyo contempladas en el POSEICAN y que se encuentran insuficientemente desarrolladas en la actualidad), así como a la reestructuración del propio sector para hacer frente a sus actuales retos (cambios en las pautas de consumo, introducción de las grandes superficies, canales de distribución, etc.).

En relación también con la agricultura del mercado interior es de esperar que la moneda única introduzca una mayor transparencia de precios, por lo que ello podría dar lugar a un funcionamiento más eficiente del Régimen Específico de Abastecimiento (REA).

Respecto a la industria, que es un sector que tiene una posición muy débil en el tejido productivo canario, cabe mencionar que el incremento de la competencia a que dará lugar el EURO podría consolidar el proceso de deslocalización que sufren algunos sectores, entre ellos, la industria tabaquera. Para el resto de sectores con elevada representación en la estructura industrial canaria, no cabe esperar grandes alteraciones, en la medida en que la mayor parte de ellos se benefician de una proximidad al mercado (industria agroalimentaria) que reduce la competencia efectiva de las importaciones. En otros casos, la naturaleza y características del bien que se ofrece (carácter difícilmente almacenable: producción de energía y agua; elevados costes de transporte: materiales de construcción, etc.) hace que el aumento de la competencia no signifique un cambio sustancial en el funcionamientos de sus respectivos mercados.

Por último, en los servicios, la mayor parte de los analistas coinciden en que la introducción del EURO tendrá un efecto positivo sobre la actividad turística en Canarias. Y ello se debe a que la transparencia de precios y la eliminación de costes de transacción a que dará lugar la introducción del EURO provocará un aumento de la competitividad del destino canario en comparación con los destinos no comunitarios del segmento "sol y playa". Asimismo, puede afirmarse que el elevado grado de penetración del capital extranjero en el sector turístico canario producirá una integración todavía mayor de este último en el marcado comunitario, e incluso podría propiciar un aumento de la participación de los capitales extranjeros (comunitarios) en el mismo (cuya valoración debería encuadrarse bajo los parámetros de su contribución a la mejora de su competitividad del sector, y a la generación de empleo en la economía canaria).

Sin embargo, resulta conveniente resaltar que la demanda a la que se enfrenta el sector no sólo viene determinada por el precio del servicio, sino también por la dinámica de la renta (poder adquisitivo) en los mercados en origen (países emisores de turistas), así como por los cambios ocurridos en las preferencias de los turistas. Por lo tanto, existe un amplio margen como para afirmar que la evolución futura del sector no dependerá exclusivamente, ni mucho menos, de la eliminación del riesgo de cambio y de los costes de transacción, sino de otros factores relacionados con la competitividad precio del sector, la calidad del servicio, etc.

  • Movilidad del factor capital

Ya hemos visto que la movilidad de los factores de producción (trabajo y capital) y la flexibilidad de los salarios, son condiciones que aseguran un ajuste automático en el seno de una unión monetaria cuando se produce un shock asimétrico.

Respecto a la movilidad del factor capital en Europa podemos decir que esta es ya elevada, lo que desde la perspectiva de las modelos de crecimiento neoclásicos podría interpretarse como una oportunidad para las regiones menos desarrolladas, que podrían atraer capital al ofrecer salarios más bajos.

Sin embargo, ya hemos señalado en repetidas ocasiones que la integración monetaria europea podría acentuar la tendencia hacia la concentración de la actividad productiva en el centro, para beneficiarse de las economías externas y de aglomeración, lo que podría inhibir los flujos de capital hacia la periferia. Precisamente por ello, en otras experiencias de Uniones Monetarias se han impuesto ciertas dosis de segmentación institucional en los mercados regionales de crédito (véase por ejemplo, la reglamentación bancaria en EE.UU., y la segmentación regional a que dio lugar durante décadas; aunque también es cierto que en los años noventa esas barreras institucionales han sido parcialmente eliminadas).

En el caso de Canarias, y ciñéndonos a los movimientos de capital a largo plazo (Inversiones Directas Extranjeras - IDE), no es probable esperar que la moneda única de lugar a un mayor atractivo de nuestro territorio por este motivo, salvo el que pudiera tener sobre la empresa turística. En la medida en que las entradas de capital a largo plazo (IDE) vienen determinadas por las perspectivas de crecimiento de la economía en cuestión, entonces la pregunta a dilucidar es si el EURO propiciará un mayor crecimiento a largo plazo, porque si ello fuese así entonces es previsible un aumento en los flujos de IDE en Canarias.

  • Movilidad geográfica del factor trabajo

Es sobradamente conocido que la movilidad geográfica del factor trabajo en Europa es baja, en comparación con la existente en otras experiencias de uniones monetarias (EEUU y, recientemente, Alemania). Además, es muy poco probable que esta movilidad aumente en el futuro. Por lo tanto, no podemos esperar que uno de los mecanismos de ajustes previstos en la teoría sobre las áreas monetaria óptimas (la emigración del factor del trabajo desde las zonas deprimidas a las más prósperas) funcione en el caso de la UME.

Pero es que, además, la solución al desempleo regional podría no ser la emigración, puesto que esa medida puede que no fuese socialmente sostenible. De hecho, la Unión Europea parece practicar lo contrario en otras esferas. Por ejemplo, en el reforma de la PAC se contempla la posibilidad de subvencionar al "mundo rural" por motivos de preservación del medio ambiente, socioculturales, o simplemente para evitar el despoblamiento de determinadas regiones y la aglomeración de otras.

En lo que respecta a Canarias, los argumentos anteriores son más que pertinentes, sobre todo habida cuenta de la segmentación geográfica existente en los respectivos mercados de trabajo, la reducida movilidad geográfica y de la elevada cifra de desempleo. Además, en el caso de Canarias creemos que no puede argumentarse que el desequilibrio en l mercado de trabajo se deba a la existencia de salarios altos (inflexibles a la baja), o a la escasa formación, ya que los salarios en Canarias son menores a la media nacional, mientras que en las últimas décadas ha mejorado notablemente el stock de capital humano debido a los avances registrados en la formación de la población.

  • Flexibilidad salarial

La idea de que la flexibilidad salarial constituye un mecanismo de ajuste ante posibles perturbaciones asimétricas es más que cuestionable. Por un lado, porque ha habido experiencias de uniones monetarias en las que el resultado ha sido una total equiparación salarial entre los estados integrantes, independientemente de las diferencias de productividad entre las diferentes economías (véase, si no, la experiencia alemana al respecto).

Por otra parte, resulta sobradamente conocido que los costes salariales cada vez tienen un menor peso en la localización del capital frente a otros factores como la disponibilidad de trabajo cualificado, infraestructuras, cercanía al mercado y fuentes de aprovisionamiento de materias primas, etc.

Por lo tanto, no queda claro que la reducción de los salarios en una región que estuviese padeciendo elevadas tasas de desempleo sirviera para atraer capital de las restantes regiones y, de ese modo, aumentar sus niveles de producción (al disponer de un mayor stock de capital).

Además, a estas razonables dudas habría que añadir que los menores costes salariales (i) constituyen una fuente muy frágil de competitividad a largo plazo, y que (ii) van en contra de la consolidación del Estado del Bienestar, en la medida en que hipoteca los futuros aumentos de la renta personal.

Por último, conviene tener en cuanta que la flexibilidad salarial y las diferencias interregionales de salarios se podrán ver dificultadas por la moneda única. De hecho, una vez que los salarios sean totalmente comparables en euros: la pregunta entonces será si los sindicatos permitirán diferencias salariales interregionales sustanciales. De nuevo, la experiencia de la reunificación alemana nos parece interesante; pero también la evidencia de Canarias, que ha formado parte de una unión monetaria con el resto de regiones española, pero que al mismo tiempo ha soportado mayores tasa de desempleo y menores salarios nominales de forma permanente.

  • Eficacia del tipo de cambio

La participación en la UME provocará la pérdida del instrumento del tipo de cambio para mejorar la competitividad exterior, aunque sólo sea de forma temporal. Son muchos los que coinciden que la devaluación no sirve para resolver los problemas estructurales de una economía. De hecho, si con el tipo de cambio se pudieran resolver los problemas de competitividad exterior de una economía, no cabe duda de que este problema no existiría en la actualidad. Sin embargo, el tipo de cambio sí que resulta un instrumento útil para mejorar la competitividad precios de los sectores de demanda débil y contenido tecnológico bajo (sectores tradicionales), pues en estos los precios (y los costes son determinantes fundamentales de la competitividad).

Pero conviene recordar que las devaluaciones también generan costes, y no sólo ventajas. Por ejemplo, entre los costes encontramos que una devaluación puede: (i) generar inflación importada, cuando la economía mantiene una elevada dependencia del aprovisionamientto exterior; (ii) puede incrementar la prima por riesgo en los mercados de deuda, lo que encarecería el endeudamiento exterior de la economía en cuestión; (iii) alterar los flujos de entradas de capital (inversiones directas y en cartera), etc.

Por lo tanto, y con el propósito de evaluar el efecto que genera la pérdida del tipo de cambio, lo que resulta relevante es conocer el peso que los sectores tradicionales tienen en la estructura productiva de la economía que pasa a formar parte de la unión monetaria, su grado de apertura exterior, la composición de sus importaciones, el grado de endeudamiento en los mercados financieros exteriores, etc. ¿Qué se puede decir de Canarias en este respecto?

Respecto al peso de los sectores tradicionales, cabe señalar que estos son dominantes en la estructura industrial canaria. Aunque hay que matizar que su vocación exportadora es muy reducida (ea excepción de la industria del tabaco). Por lo tanto, la cesión del tipo de cambio no resulta costosa en este particular.

Las inversiones directas extranjeras en Canarias son cuantiosas, y se encuentran vinculadas a los sectores agroalimentario y al turismo. Por lo tanto, la moneda única (estabilidad cambiaria plena) podría facilitar todavía más estas entradas.

Por último, la elevada apertura exterior de Canarias, la especial composición de sus transacciones exteriores (exportaciones concentradas en el sector agrario, e importaciones muy cuantiosa y altamente diversificadas - bienes de consumo y de equipo), permiten presagiar que una mayor estabilidad cambiaria facilitaría tales intercambios con la UE. Ahora bien, todavía queda por disipar cuál será la política de tipo de cambio que seguirá el EURO con respecto al Resto del Mundo, y esto resulta muy importante por cuanto podría afectar a las denominadas corrientes tradicionales de comercio (con Sudamérica, el Sudeste Asiático, o con el propio mercado Africano, par el que existen algunos planes de recuperación).

  • Disponibilidad y coste de los recursos financieros

Por último, y ya casi para concluir, ¿qué ocurrirá con los tipos de interés y la disponibilidad de crédito a nivel regional una vez alcanzada la UME?

La Comisión considera que el incremento de la competencia entre los bancos europeos reducirá el coste del crédito en las regiones periféricas, al tiempo que aumentará su disponibilidad.

Pero ¿qué pasará si los bancos locales/regionales no son capaces de adaptarse a esas nuevas condiciones de mayor competencia? ¿Seguirán teniendo acceso al crédito bancario las micropymes de las regiones menos desarrolladas o, por el contrario, las ventajas de la integración monetaria tan sólo serán efectivas para las grandes empresas?

El resultado final más probable es que, al final, (i) seguirán existiendo diferencias interregionales en los tipos de interés, tal y como ocurre entre las regiones de una economía nacional; y que (ii) sólo las grandes empresas se beneficiarán plenamente de la mayor competencia bancaria, pero a costa de las pequeñas empresas, que dependen mucho más de los bancos locales. Y entendemos que este efecto no puede pasar desadvertido en la economía, cuyo tejido empresarial se encuentra plagado de micropymes que muestran una elevada dependencia del crédito bancario, con escaso poder de negociación ante las entidades financieras, que disponen de menores posibilidades para acceder a los mercados financieros internacionales, etc.

  • Presupuesto y transferencias comunitarias

La teoría sobre las áreas monetarias óptimas indica que, ante la imposibilidad de que sean la libre movilidad de los factores (trabajo y capital) y la flexibilidad de los precios (salarios) los mecanismos que conduzcan el ajuste en una economía que padece un shock asimétrico dentro de una unión monetaria, debe ser el sector público el asuma los costes del ajuste en los niveles de empleo a través de las transferencias regionales.

Sin embargo, ya se sabe que el presupuesto de la UE (teniendo en cuenta su reducida cuantía; el elevado peso presupuestario de la PAC; y las reticencias de los países más ricos para mantener sus contribuciones en el futuro) resulta insuficiente para financiar cuantiosas transferencias de renta desde las regiones "ganadoras" a las "perdedoras" en el proceso de integración monetaria europea.

Por otro lado, la propia disciplina fiscal que se deriva del "Pacto de Estabilidad y Crecimiento" implica que tampoco los Estados Miembros van a poder financiar tales transferencias entre sus regiones. Todas estas consideraciones tienen relevancia porque Canarias es una región que, por su condición de región ultraperiférica de la UE, se favorece de una serie de ayudas derivadas de la política regional y de cohesión económica y social de la UE. Ante las exigencias de disciplina fiscal que impone la UME, cabría preguntarse si tales políticas no resultarán recortadas, reestructuradas o cuestionadas en el futuro más inmediato, con el consiguiente efecto negativo que ello tendría sobre Canarias.

Por otro lado, y ya en el plano nacional (España), debemos preguntarnos de qué forma han afectado (y afectarán) a Canarias los continuos recortes presupuestarios.

Asimismo, y ahora en el plano regional (Canarias) deberíamos preguntarnos por los efectos que los cuantiosos recursos manejados por el sector público en Canarias en las últimas décadas han tenido sobre el empleo y el bienestar social, incluyendo aquí a la problemática de la pobreza y la distribución de la renta.

 

5. Conclusiones

A lo largo de los apartados anteriores hemos intentado analizar los potenciales efectos regionales que se desprenderán de la futura y más que previsible introducción de la moneda única, el EURO, entre aquellos estados miembros de la Unión que cumplan satisfactoriamente los denominados criterios de convergencia nominal. A la fecha de hoy, finales del año 1997, tanto en los círculos políticos como en muchos académicos se albergan pocas dudas de que España no forme parte de ese "selecto" grupo de países que accedan a la tercera fase de la UME en 1999.

Ha sido en este escenario en el que hemos querido reflexionar sobre los potenciales efectos que este proyecto económico, pero sobre todo político, podría tener sobre la economía y sociedad canaria.

En líneas generales, y para resumir la línea argumental que hemos intentado trasmitir en nuestro trabajo, hemos sostenido que la Unión Monetaria Europea tendrá efectos regionales diferenciados, y que serán las regiones menos desarrolladas las que previsiblemente resultarán más afectadas por éstos.

Sin embargo, para Canarias estos efectos negativos se verán atenuados por diversos motivos.

En primer lugar, porque se espera que la mayor competencia a que dará lugar la UME (cuyos efectos reforzarán los del Mercado Unico Europeo) tenga lugar en el sector de las manufacturas, que es por definición el sector más abierto a la competencia internacional. Sin embargo, este sector tiene un reducido peso en la estructura productiva canaria, estando además protegido por la distancia física que separa al Archipiélago del resto del territorio comunitario.

En segundo lugar, parece ser que la actividad turísticas será una de las grandes beneficiarias de la eliminación del riesgo de cambio y los costes de transacción, lo cual repercutirá positivamente sobre Canarias habida cuenta de su evidente orientación productiva hacia este sector.

En tercer lugar, el efecto sobre el sector agrario también puede ser positivo, especialmente sobre los cultivos de exportación, en la medida en que éstos gozan de cierta competitividad en los mercados comunitarios y los potenciales competidores se quedarán fuera de la moneda única (Africa, Caribe, etc.).

Ahora bien, no creemos que del balance hecho hasta ahora se pueda efectuar un diagnóstico excesivamente optimista, ya que a lo largo de nuestra intervención nos hemos ocupado de matizar cada uno de los puntos antes mencionados, así como señalar algunos nubarrones que a buen seguro se presentarán en el futuro más inmediato.

En efecto, el futuro económico se presenta cada vez más liberalizado e internacionalizado, lo cual significa que debemos estar preparados para competir en un verdadero mercado único, sin posibilidad de obtener ventajas frente a nuestros competidores que no residan en nuestra mayor competitividad. Y ello se debe a que somos demasiado pequeños en el escenario internacional, europeo, e incluso a veces en el nacional (español), por lo cual no cabe esperar que nuestra capacidad de negociación sea suficiente como para defender nuestros intereses económicos.

De lo anterior se desprende que para aprovechar las ventajas del mercado europeo, resulta imprescindible mejorar la competitividad exterior de nuestra economía, es decir, la del sector turístico y la del agrícola exportador. Al mismo tiempo, debemos potenciar y mejorar la competitividad de los sectores ligados al mercado interior: la agricultura de las medianías y el débil sector industrial.

Pero al mismo tiempo que se trabaja en todo ello, resulta necesario presionar desde dentro para que, en el caso de perder la batalla de la competencia, se hagan efectivos los principios de cohesión social y solidaridad que deben inspirar el proceso de la construcción europea. No obstante, en torno en este aspecto no cabe hacerse demasiadas ilusiones, y sobre todo habida cuenta del debate en torno al futuro de los fondos de cohesión, aunque Canarias, por su condición de región ultraperiférica, cuenta con ciertas ventajas sobre el resto de regiones menos desarrolladas de Europa.

 

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CURRICULUM VITAE

Carlos Javier Rodríguez Fuentes es Doctor en Economía por la Universidad de La Laguna. Después de terminar la licenciatura de Ciencias Económicas y Empresariales en junio de 1990, su trabajo ha simultaneado la docencia en la asignatura de Estructura Económica de España, en el Departamento de Economía Aplicada de la mencionada universidad, con la investigación en su tesis doctoral. Durante el curso 1993-1994 obtuvo la Stevenson Scholarship 1993 (Spanish), concedida conjuntamente por la Stevenson Foundation, de la Universidad de Glasgow (Escocia), y la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Asuntos Exteriores, lo cual le permitió disfrutar de una estancia de un año en el Departamento de Economía de la Universidad de Stirling (Escocia) para terminar finalizar su tesis doctoral ("Política Monetaria y Economía Regional", diciembre 1995). Posteriormente, este trabajo resultaría premiado por el Consejo Económico y Social (CES) en la convocatoria nacional del año 1996 para Premios de Tesis Doctorales, siendo publicado en su colección de estudios ("Política Monetaria y Economía Regional". CES, Colección de Estudios, XX, 1997, Madrid).

Su labor investigadora cuenta con dos líneas principales de trabajo. La primera gira en torno al estudio de la economía canaria, y se encuentra estrechamente vinculada al resto de miembros de la Subárea de Estructura Económica de su departamento. Entre las principales publicaciones en esta línea cabe mencionar los siguientes trabajos:

- "Canarias: La Economía", Editorial CCPC. Año 1995 (coautor)

- "L'Économie des îsles Canaries", Editorial L'Harmatan, Paris. Año 1997 (coautor)

- "Panorama Económico Canario", en "Geografía de Canarias", Tomo VII, págs. 183-282. Editorial Interinsular Canaria. Año 1992 (coautor).

Desde el año 1996 forma parte del equipo de trabajo que elabora el Informe Anual del Consejo Económico y Social de Canarias.

Su segunda línea de investigación se centra en aspectos monetarios. Además de su Tesis Doctoral, las principales publicaciones en esta línea son:

- "Dinero, Política Monetaria y Economía Regional: Una Aproximación". Revista: Situación. Año 1993, número 2, págs. 27-43

- "El dinero como un factor real. Una aproximación a la Teoría Monetaria Postkeynesiana". Revista: Información Comercial Española, núm. 758, noviembre 1996, págs. 67-77

- "El papel del sistema bancario en el desarrollo regional. ¿Reparto o creación de crédito? Revista: Revista de Estudios Regionales, número 47, 1997, págs. 117-139

- "El sistema financiero y su contribución al desarrollo regional". Revista: Situación, Serie de Estudios Regionales: Canarias. Año 1997, págs. 367-380

- "Un marco teórico para el análisis del impacto regional de la política monetaria". Revista: Revista Asturiana de Economía, número 9. Año 1997

- "Análisis de diferencias estructurales interregionales determinantes en el impacto regional de la política monetaria". Revista: Estudios de Economía Aplicada, número 7. Año 1997

- "Regional finance: a survey". Revista: Regional Studies. Año 1997, december

- "The Political Economy of Monetary Policy". Edward Elgar (coautor, en prensa);

Entre otros méritos cabe mencionar su participación en la organización de varios seminarios impartidos por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) en su sede de santa Cruz de Tenerife (Codirector del seminario: "Consecuencias Económicas de la Nueva Europa", marzo de 1997, y Secretario del Seminario: "La Crisis Económica: Perspectiva Global y Canaria", marzo de 1993). En la actualidad es Secretario del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna.

 

Carlos Javier Rodríguez Fuentes

Profesor Asociado

Departamento de Economía Aplicada

Universidad de La Laguna

Campus de Guajara, s/n

38071 S/C Tenerife

Spain

Tel: +34-(9)22-317016

Fax: +34-(9)22-253742

e-mail: cjrodrig@ull.es